
Es de noche y hace frío. El paro ya lleva casi un mes. Las noticias sobre la Universidad me han llegado principalmente por correo, pues he asistido a pocas asambleas. Siempre que voy me deprimo un poco. Los pasillos abandonados. El pasto inmune. Las puertas cerradas. Y sobretodo un puente peatonal cuyo bazar ha perecido como pasa cada vez que llegan las vacaciones o hay paro.
Una caminata nocturna en busca de cerveza con algunos amigos me ha llevado a este sitio. Ahora, sólo es habitado por los motores que chillan abajo. Es un desierto, evidentemente por la noche. Sin embargo sé que de día no cambia mucho. Los estudiantes aguardan en sus casas el desenlace del estado de la Universidad. Alguno que otro vendedor sin más lugar donde trabajar esperará por un escaso cliente. Los parches de colores en el piso abdicaron ante el concreto. Todo un transito de personas, sueños y distintas hambres espera en varios corazones por ser reanudado.
Mientras sostengo la cámara grabando mi última visita al puente peatonal de la 45 con 30 pienso algo melancólicamente. Los flashbacks de Carol, de las compras, de las risas, del bazar y del búnker me llegan repentinamente. Para mis amigos un sitio más. Para mi, alguien que trabaja y estudia en la Universidad, una referencia. Un recuerdo. Un hogar.
Andrés me llama percatándose que me he quedado rezagado con la cámara en mano y la mirada hacía el puente.
_¿Qué hace? - me pregunta curioso.
_ No, nada. - respondo mintiendo de cierta manera.
La rutina me tiene atrapado en la ciudad. Quisiera contar la historia de lugares más exóticos y agradables. Aquellos llenos de colores y sensaciones no percibidas antes. Sin embargo, esa misma rutina me ha regalado esta joya personal. Un sitio anodino lleno de historias y tal vez secreta e imperceptiblemente importante para miles. Una metáfora de concreto, sobre ríos de acero motorizado. Todo un mercado y corto paseo. Sólo espero que los problemas de la Universidad se resuelvan pare que nazca de nuevo. Atareado y vibrante. Conectando el claustro con la calle, útil a aquellos que quieren tender otros puentes a un mejor mañana.

1 comentario:
Sólo el que vive en Bogotá, sabe lo que se entraña en cada rincón que se transita: parques, callejuelas, bares... Es una ciudad que atrapa, con sus caras ávidas, lavadas y sucias. Muchas historias, una experincia que jamás se te olvida.
Publicar un comentario